Av. de Mayo 953 3ro
Teléfonos: 4345-4262/3641 // 4331-5128
Código Postal: C1084AAE
centrodecontacto@unionportodos.org
Ciudad Autonoma de Buenos Aires
  ago 20

No alcanza sólo con cambiar de collar

K ha puesto su máquina política a rodar. Quiere que se entierren los recuerdos de la campaña presidencial que lo ubicaban como un mero muñeco de Duhalde.

Y más aún, ya le molesta que le hablen de duhaldismo, y hasta de peronismo. Le suena mejor a sus oídos que se construya el kirchnerismo.

Su estrategia está en marcha.

La seguidilla de demostraciones públicas marcará un año de consolidación de la fuerza K.

En el 2005, se juega la primera batalla y durante este año juntará las vituallas.

Varias son las f uentes desde donde nutrirá su tropa variopinta.

Los K! 70 que se reunirán el 11 de marzo y que se consideran los “únicos herederos”, los “pura cepa”, la fuerza propia.

Los K sindicales que, como los “boy scouts”, están siempre listos y más ahora, que están conformes con la recuperación de poder que lograrán de la mano de la nueva ley laboral. Se verticalizan al nuevo jefe y rápidamente han modificado el esquema de la Plaza del Sí que le organizaron a Menem por la plaza del no al pago de la deuda que le organizan al jefe de ocasión. Se prevé este acto para el 25 de mayo.

Los piqueteros K, que han pasado de la rebelión al Estado a ser una suerte de policía secreta del Kremlin que denuncian a cuanto piquetero no está encuadrado en su estrategia.

Estos, con dinero del Estado, desarrollan el “clientelismo bueno”.

Los duhaldistas y el aparato de la provincia de Buenos Aires, que para impedir que desembarquen los K en sus territorios, se convierten rápidamente en los voceros oficiales del Gobierno.
Los transversales funcionarios del Gobierno de la Ciudad, que reparten chapas, bolsas de comida, cargos, subsidios, tierras, todo bien justificado por la prédica progre.

¿Qué es entonces la fuerza K?
Una fuerza que se construye al calor del poder.

La Argentina estaba esperando de su dirigencia un cambio cultural profundo. Mirarnos con ojos críticos, analizar las razones de los sucesivos fracasos.

No utilizar más la estrategia fácil de poner todo lo malo afuera y todo lo bueno adentro. Lamentable mecanismo que de tan primario resulta contundente.

Está claro que el modelo de acumulación de poder político ha sido causa y efecto de la corrupción, de la conformación del clientelismo, de la ineficacia y falta de profesionalidad estatal y, en consecuencia, de la mala gestión.

No se construye el cambio con un nuevo aparato con otro jefe.

Lo que se debe hacer es exterminar el aparato.

Educar una nueva dirigencia en la transpa rencia.

Que el Presidente desde el Gobierno construy! a su fuerza con aparato no es ningún mérito.

Los mercenarios siempre sirven a cualquier ejército sin importarles las causas y sin preguntar quiénes son los generales.

Es que la base del cambio cultural está en lograr homologar construcción genuina de poder político con gestión exitosa para la comunidad.

En la provincia de Buenos Aires y últimamente en la Ciudad de Buenos Aires también, la buena gestión no ha sido el insumo para la reelección.

Menos aún la evaluación electoral ha tenido que ver con la performance del partido de gobierno.

En la provincia en los últimos 16 años no ha habido cambio de color político.

El andamiaje político es más determinante que la calidad de la gestión.

Está claro que la pobreza ha sido funcional al mantenimiento del poder y por este camino transitó el corazón electoral del país: la provincia de Buenos Aires.

La máquina que produce votos se alimenta con recursos del Estado.

A hora se busca crear un nuevo impuesto para financiar el desembarco de K en la provincia con el que se financiará un remozado “fondo de reparación histórica”.

Además, los pertrechos se completan con los más de 4.000 millones de pesos de la política social monopolizada por la “hermana Alicia”.

Con el control de este nuevo aparato, ya han comenzado a lanzar las candidaturas para dentro de cuatro años.

ue Felipe Solá y Aníbal Ibarra hayan sido los elegidos del Presidente para gobernar estos cuatro años parece no importarles a los funcionarios del Gobierno.

El éxito de sus gestiones no forma parte de la agenda gubernamental, por ello los Fernández en sendos distritos, Cristina en ambos, hasta De Vido se han lanzado a organizar la tropa y los actos.

Si la Ciudad se inunda o en la provincia la inseguridad asola no constituye la vara relevante con que se mide la calidad de la gestión para evaluar si el partido de gobierno es capaz o no de gober nar.

El Gobierno aviva el fuego de otra fuente de po! der, por eso con cuatro años de anticipación ya despliega su estrategia.

Así los cuantiosos recursos sostienen la conversión del aparato a una nueva terminal política.

En los dos principales distritos, la oposición tiene una gran tarea.

Dar la batalla para que no se escinda la responsabilidad del partido y con cada nuevo candidato se diluya.

ara que dentro de cuatro años si los tres Fernández son candidatos tengan que sumar a su inventario los avances en la calidad institucional, la seguridad, la cantidad y la calidad del empleo, las obras públicas, el nivel educativo, la buena administración de los recursos del Estado y no solamente cuántos actos o cuántos nuevos alfileres han colocado en su tablero de comando.

Puede ser que así comencemos a entender que el voto se gana gobernando y no arriando gente a los actos o utilizando recursos del pueblo en beneficio propio.

Por Patricia Bullrich