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Ciudad Autonoma de Buenos Aires
La transversalidad vertical
Transversal es aquello que cruza de un lado a otro. Actores políticos que se encuentran fuera del espacio estricto del partido de gobierno y que -a la vez- construyen el oficialismo.
Un oficialismo ampliado que se suma a la transversalidad propia del partido de gobierno que, para no romperse, se desdobló y concurrió a las elecciones con tres candidatos a presidente que -terminada la campaña- transitaron de los “intereses irreconciliables” desplegados en ella a una convivencia mas que amable -en los ámbitos institucionales- durante los primeros meses de gobierno.
Así llegan al Parlamento representantes verticales y transversales y todos pueblan las bancas de la mayoría. Que sin duda se convertirá en absoluta. Votan juntos los que hasta hace pocos meses tensaban al “movimiento” hacia orientaciones antagónicas.
¿Es la transversalidad el camino de construcción de una nueva cultura política o simplemente se pretende anexar al territorio de la hegemonía oficialista espacios independientes de él?
Las experiencias transversales de nuestra historia reciente nos dejan un sabor amargo; así el Frepaso funcionó para el radicalismo como si fuera un trapo empapado de ácido renovador que limpió el óxido del partido centenario -luego de la crisis que produjo la presidencia de Raúl Alfonsín- y al cumplir su “función” purificadora se desintegró producto del contacto con el mismo ácido.
El discurso y la práctica oficiales se orientan a la construcción de una transversalidad vertical.
Llegan de todos lados -verticales y transversales- al embudo de la fuerza del oficialismo.
Y en esta fuerza oficial el componente vertical de la transversalidad es el que sostiene el funcionamiento y la reproducción del sistema.
La columna vertebral de este sistema la conforman las estructuras permanentes: el aparato de la provincia de Buenos Aires, los caudillos feudales, las estructuras corporativas, el unicato sindical, el modelo social clientelar y la organización vertical del Estado.
La nueva camada de transversales si a tiempo no construyen su propia columna vertebradora, estarán ayudando a limpiar el caño, pero no serán el caño…
La nueva transversalidad debe -para no desintegrarse al contacto con el ácido- construir la columna vertebral que le dará sentido a su existencia.
La transformación institucional que desestructure la hegemonía corporativa es la tarea.
Porque una nueva transversalidad requiere de un fuerte compromiso de cambio en la erradicación de las causas que conforman las razones profundas de nuestra crisis.
La agenda de reformas es lo que va a permitir un cambio estratégico en la cultura política e institucional argentina para no repetir la historia de las transversalidades fracasadas.
La transversalidad no puede ser la pantalla que legalice la moratoria para las viejas prácticas que reduzca la multiplicidad de voces a una única voz autorizada que es la del Presidente.
La transversalidad plural implicaría estructurar un proceso de discusión abierta con todos los sectores políticos y sociales para poner a andar una agenda de gobernabilidad que garantice la construcción de consensos y acciones políticas, parlamentarias y de gestión que construyan el camino crítico necesario para delinear el recorrido desde la crisis a la transformación del empleo, la educación, la política internacional, la salud, la lucha contra la pobreza, el desarrollo, etcétera.
Lo que debe ser transversal es el cambio, no la estructura.
Para avanzar en los próximos años de un modelo político centralizado y monopólico a un modelo abierto sin lista sábana, con voto uninominal y mecanismos de participación ciudadana; de un modelo social clientelístico, que pone en riesgo la libertad de las personas, a un modelo de ingreso social universal sin intermediaciones que construya ciudadanía; de un modelo sindical del gremio único y monopólico a un modelo de libertad y pluralismo; de un modelo de coparticipación que reproduce las estructuras feudales a un modelo de responsabilidad con premios y castigos; de un modelo de gestión burocrático a un modelo de gestión descentralizado y cercano al ciudadano, simple y transparente.
Hasta ahora, el viejo y remanido dicho de “el que mucho abarca poco aprieta” parece ser la lógica de esta transversalidad.
Una transversalidad que llena de palabras la realidad mientras la verticalidad permanente se reproduce y va poblando con su descendencia todos los rincones del poder.
Es que de cambiar el poder se trata y desde el extremo donde se ubican los transversales están demasiado lejos del acelerador.
Por eso el que abarca, no aprieta… el acelerador de la verdadera transformación.
Por Patricia Bullrich

