Av. de Mayo 953 3ro
Teléfonos: 4345-4262/3641 // 4331-5128
Código Postal: C1084AAE
centrodecontacto@unionportodos.org
Ciudad Autonoma de Buenos Aires
  ago 20

Piqueteros, ¿causa o consecuencia?

Hace algunos años, ciudadanos argentinos comenzaron a desarrollar una práctica de protesta distinta de la hasta entonces conocida movilización política o sindical.

El fenómeno nació en dos extremos geográficos de nuestro país, en el norte y en el sur, dos pueblos por donde el proceso de privatización transitó sin piedad. Un modelo que no supo entender que la modernización debe llevar en su carro a los ciudadanos para que se convierta en bienestar para todos.

Tartagal y Cutral-Co: dos plazas petroleras que en la década del ’60 prometían para sus habitantes enormes márgenes de progreso. Así, jóvenes egresados de nuestras escuelas técnicas y obreros especializados se instalaban en estos oasis negros. Obreros acostumbrados a vivir dignamente, con salario, obra social y jubilación. Familias pacíficas que educaban a sus hijos y poblaban el país.

De golpe, la nada. Pueblos fantasmas, familias que vieron construirse un muro entre ellos y el futuro. Así comienzan los primeros piquetes. Obreros abandonados por un "progreso" que avanzaba sin tener en cuenta al ser humano.

Acostumbrados a una cultura de empresa grande, al sindicato, comenzaron a protestar llamando la atención y realizando los piquetes que sabían realizar en la lucha por mejores condiciones laborales.

El piquete en puerta de fábrica perdió sentido. Ya no había alguien a quien reclamarle, quedaba tan sólo la chatarra. El piquete entonces se mudó a la ruta, a una autoridad abstracta. El sindicato, lugar natural de nucleamiento de los trabajadores, dejó de atender a quienes ya no pagaban la cuota sindical.

La respuesta del Estado frente a un problema fue solucionarlo con otro problema. En el diciembre trágico, según el dirigente piquetero Luis D’Elía, la mano invisible del poder provincial usó su influencia para que ardieran saqueos por doquier. Los planes sociales que el Estado entrega alimentan una red de organizaciones que se movilizan cotidianamente y con el mismo dinero sueñan con tomar la casa de Gobierno. Engorda también un sistema político de punteros que manipula a los más necesitados. El uso político de la tragedia social está a la vista.

Los grupos políticos que se disfrazaron de piqueteros y que buscan llegar al poder avanzan sin encontrar límites, y día a día se constituyen, frente a la población, como una autoridad paralela.

Los partidos tradicionales, que por conveniencia arman este modelo de distribución de recursos estatales, ceden a la administración piquetera 7% de los planes sociales para justificar que ellos mismos (punteros, intendentes y hasta gobernadores) manejan el 93% restante.

¿Será entonces la tragedia social consecuencia o causa de un sistema de dominación que tira por la borda la Argentina educada y libre que Sarmiento soñó?

Porque con autonomía el ciudadano pierde el miedo y gana la libertad. Y, extraña coincidencia, para algunos esto significaría el fin de sus privilegios.

Por Patricia Bullrich