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Ciudad Autonoma de Buenos Aires
La concepción del poder desde las mujeres
Participación de Patricia Bullrich en el libro presentado en el Instituto Hannah Arendt
Foro de líderes mujeres políticas de Latinoamérica
Patricia Bullrich, Argentina
Candidata a Jefe de Gobierno para la ciudad de Buenos Aires por el partido
Unión por Todos en las elecciones de 2003.
Voy a empezar contándoles una anécdota, algo que me pasó
el año pasado. Estaba caminando por la calle después de las
elecciones(6). Me paró una señora muy joven que venía
con un niño y me dijo: “Te quiero saludar porque te voté”
y el nenito de cuatro años dijo: “¿Vos votaste una mujer?”.
La mujer se puso de todos colores y yo le dije: “No te preocupes,
no sos vos, es la construcción de una cultura subliminal, de un lenguaje,
de una construcción del sentido común, de la vida cotidiana”.
Es una construcción muy profunda en una sociedad. Esta construcción
de las cosas de la vida cotidiana, en general, en las sociedades, las hacemos
casi automáticamente, casi sin pensarlas. Si pensáramos cuántas
cosas hacemos sin pensar en nuestra vida, nos vamos a dar cuenta en cuántas
oportunidades somos transmisoras de estos mismos valores que decimos combatir.
Me parece que hay una tarea que es una construcción de la política
en la construcción de esta vida cotidiana, la construcción
de un sentido común diferente que genere una construcción
política social diferente, que es lo que va a generar un cambio.
Si nosotras trabajamos la idea del poder como dominio, vamos a llegar a
dominar al poder con esta misma transmisión, porque los cambios sociales
son mucho más lentos de lo que uno se imagina.
Uno de los votos más fuertes de Bush fue el voto de la mujer, que
es el voto del miedo ante la posibilidad de que le pase algo a los hijos.
Me parece que en esta construcción de lo cotidiano, de la transmisión
de la vida y de los valores de todos los días, hay que hacer un trabajo
muy de fondo y muy fuerte, que implique repensar y reconceptualizar toda
la identidad, todo el espacio que nosotras tenemos como mujeres, como políticas,
como trabajadoras en las distintas identidades.
En la vida política me doy cuenta que tengo una competencia diferente
con las mujeres que con los hombres y soy consciente de eso y trato de combatirlo
porque me parece un absurdo de mi parte. Me doy cuenta que es la reproducción
del mismo poder inconsciente, de los mismos valores subliminales, de esta
misma lógica que tenemos metida adentro y que transmitimos como una
receta de cocina.
Es en ese hacer cosas sin pensar demasiado donde se va construyendo el
poder cotidiano en una sociedad. Y en esa construcción del poder
cotidiano en la sociedad, generamos modelos. Una de las cosas en las cuales
me parece que deberíamos trabajar es en la construcción de
un contramodelo.
Hay una experiencia en este momento que me parece importante y es la española.
En España, en 30 años, las mujeres cambiaron de una manera
de la que no son conscientes todavía y tampoco es consciente la sociedad.
Fue tan brutal el cambio, que el nivel de violencia que hay en esa comunidad
es brutal, la transmiten las mujeres y los hombres que no entienden ese
cambio que se produjo. Entonces tienen una enorme violencia social. Sin
embargo, fueron generando un cambio en la posición de la mujer pero
no en el poder.
¿Nosotras estamos planteando un cambio en la posición o estamos
planteando un cambio en el poder? Porque un cambio en la posición
es ir a ese lugar, al lugar del presidente, del ministro, al lugar de este
poder. Si es un cambio en la posición, el poder no necesariamente
va a cambiar por sí mismo. No pensemos que el poder va a cambiar
sólo por el hecho de que lo va a ocupar una mujer.
Ahí está el segundo debate que se había planteado,
en relación a cómo es la producción de otro poder,
cómo se construye otra legitimidad. En la construcción de
otra legitimidad hay dos modelos. Está el modelo de los ´60,
donde se construían otras legitimidades: la legitimidad de las minorías;
la legitimidad de los negros; la legitimidad de las mujeres; el feminismo;
la legitimidad de los latinos en los Estados Unidos; la legitimidad del
interior contra la capital en la Argentina. Eran legitimidades de colectivos
que se construyen tratando de conseguir un espacio en el poder.
El otro modelo es la construcción de un poder mucho más democratizado,
donde se pueda construir otro signifi cado del poder. Me parece que la etapa
de construcción de un colectivo de mujeres sirve para algunas cosas,
por ejemplo para las cuotas, pero no sirve para la discusión de otro
poder. Sirve para conseguir un lugar, un espacio, un techo, un espacio donde
llueva menos y donde haga menos frío para la mujer, pero en este
poder.
Me parece que la transversalidad de la mujer en la lucha hasta ahora ha
servido para esto: juntas logramos las cuotas y después cada una
vuelve a su lugar y sigue construyendo el poder establecido.
Foro de líderes mujeres políticas de Latinoamérica
La segunda pregunta que me gustaría plantear es si se puede trabajar
otra legitimidad en la cual el poder no aparezca como oposición al
Estado, sino que sea la construcción de los micropoderes —como
decía Foucault— que van generando una red diferente, que van
construyendo una nueva cultura, sin pensar en abandonar la idea del poder
como autoridad de gobierno. No se puede abandonar esa idea porque todos
los pueblos van a ser gobernados mientras no se invente otra forma.
Me parece que en la construcción de una nueva legitimidad hay que
trabajar en estos tres niveles: en el nivel del micropoder, del sentido
común, de la vida cotidiana, del lenguaje, de lo que construimos
como señales permanentes; en el nivel del colectivo mujer, para conseguir
determinadas cosas que sean importantes para el logro de la mujer en la
sociedad, para no ser invisibles; y en el tercer nivel plantear otra legitimidad
del poder. En este último habría que empezar a pensar si hay
o no un poder femenino o si en realidad lo que hay es la construcción
de un poder alternativo en el que lo femenino se toma con un nuevo signifi
cado, como la construcción de una nueva identidad de ese poder.
Quisiera cerrar planteando que en esa legitimidad de un nuevo poder tenemos
que salir de la discusión de un buen lugar en este poder, viendo
el espacio de la mujer solamente como un mejor posicionamiento en este poder.
Eso no nos va a llevar a una respuesta fuerte de esta discusión que
estamos dando aquí y que se está dando en miles de foros como
éste.
Elisa Carca, Argentina
Con lo que estuve pensando daría una señal de alerta respecto
de algunas cosas que se discutieron acá. Partamos de la siguiente
base: los varones históricamente han hegemonizado el poder y sería
extremadamente ingenuo que nosotras pensáramos que nos lo van a regalar
o nos lo van a ceder fácilmente. Esto es algo que debemos que tener
muy en cuenta. Mucho menos tenemos que creer que esto lo vamos a lograr
en el esquema de manejo y de funcionamiento del poder tal cual ellos lo
entienden.
Me gustaría hacer una refl exión con todo lo que fue el proceso
de la discusión y la implementación de la Ley de Cupo Femenino(7)
en la Argentina, que nos permitió a las mujeres de distintos partidos
políticos trabajar en un espacio común.
La primera vez que tuvieron que implementar esta ley, lo hicieron a regañadientes,
tratando de violarla.
Ahí aparecimos las mujeres con mucha fuerza, defendiendo nuestros
espacios e incentivando acciones judiciales en nuestros propios partidos.
Luego se dieron cuenta que no podían violar la ley, que la debían
respetar. Más tarde, ellos desarrollaron estrategias para apoderarse
de nuestros espacios y realmente creo que lo están logrando. Hoy
por hoy es muy difícil para las mujeres —esto lo planteo desde
mi partido político, que es un partido tradicional, yo soy de la
UCR—, porque la estrategia de los varones sobre los espacios de las
mujeres es tratar de ubicar en los cupos de las mujeres a aquellas mujeres
que respondan a sus intereses. Esto produce serias difi cultades en aquellas
mujeres que tenemos un compromiso muy fi rme con el género. Que yo
diga públicamente que soy feminista, es un impedimento muy fuerte
para que pueda ser candidata en mi partido.
Seguramente no voy a volver a ser candidata, y si lo soy, va a ser porque
me necesitan.
Como decía Elisa Carrió, ellos tratan de hacerte ver que vos
sos distinta.
Siempre reivindiqué que estaba en esa banca porque existía
la Ley de Cupos, sino nunca hubiera sido diputada nacional y seguramente
tampoco senadora.
Recuerdo, en un debate en la Cámara de Diputados, creo que fue con
el tema de la ley de salud reproductiva, que termino de hablar y un diputado
muy prestigioso, ni siquiera de mi partido, me manda una tarjetita muy afectuosa
diciéndome que yo cometía un error, que nunca más diga
que estaba por la Ley de Cupos porque me sobraban cualidades para no necesitar
el cupo. Eso es lo que tratan de hacer, además de poner en las listas
a mujeres esposas, amantes o a aquellas mujeres que prestan su nombre para
integrarlo a la lista, hasta que estas listas son oficializadas y después
renuncian para que asuma quien sigue en el orden de la lista.
Debemos tener en cuenta que el poder que nosotras podemos tener hacia adentro
de los partidos políticos es la alianza con otras mujeres. Pero también
es cierto que el desprestigio de la política, y aquí coincido
con lo que decía Piedad Córdoba, hace que las mujeres, muchas
veces, no se quieran embarrar en el desprestigio de los partidos políticos,
porque tampoco se quieren exponer al desgaste que representa confrontar
y salir a poner la cara en una sociedad que rechaza la actividad política.
En este Foro, siendo todas mujeres políticas, debiéramos evaluar
una estrategia para ver de qué manera podemos cambiar la política.
Cómo podemos, desde nosotras y con nuestra ideología y principios,
ayudar a establecer los mecanismos para que cualquier reforma política
se haga en la dirección que nos incluya. Esta demanda está
hoy en la sociedad y desde los partidos políticos tradicionales tratamos
de no tenerla demasiado en cuenta, pensando que ya va a pasar la demanda
de la necesidad de transformar la política, de avanzar en una reforma
política integral y no le damos la importancia que tiene para nosotras
como mujeres.
No nos olvidemos que en los partidos políticos las mujeres que logramos
tener algún espacio de representación y de exposición,
destacándonos un poco por sobre los varones, somos acusadas generalmente
de ser locas, de ser lesbianas, de ser histéricas, o todo junto.
Una forma de lograr que los partidos políticos se pongan a la altura
de las circunstancias, que vuelvan a ser un espacio tentador para la participación
de la gente y de las mujeres, es que nosotras como dirigentes políticas
también impulsemos las reformas necesarias para que se generen las
mejores condiciones que nos permitan un cambio desde adentro de los propios
partidos políticos, teniendo en cuenta su importancia en el proceso
democrático.
Gabriela Michetti, Argentina
También voy a ser, como María Eugenia Estenssoro, un poco
autotestimonial, porque puedo hablar más de mi propia experiencia
que de lo teórico o académico.
Mi experiencia es tan pequeña que no me permite conceptualizar las
cosas o abstraerlas de la propia anécdota. Voy a tratar de mostrar
símbolos de las cosas que me fueron pasando en este poco tiempo que
tengo en la política, a pesar de tener muchos años de vida
profesional, en un mundo que también es masculino. Me moví
en el Estado, en cargos que tienen que ver con temas que trabajan más
los varones que las mujeres. Es totalmente distinto en la política,
las experiencias que estoy teniendo ahora no las tuve antes.
Con frecuencia me pasan cosas que al principio me generaban mucha movilización
emocional y angustia. Lo primero que me pasó es que cuando teníamos
conversaciones con los otros diputados en el partido, o en la Legislatura,
sentía que cuando se mencionaba la palabra política o se decía
lo político, me confundía.
Sentía que se hablaba de otra cosa de lo que yo pensaba que era la
política, lo político.
Estaba absolutamente confundida, desenfocada. Hasta que me di cuenta
que cada vez que se decía lo político y la política,
en realidad eran conversaciones autoreferenciales que tenían que
ver con proyectos, ideas, relatos, objetivos o intereses absolutamente propios
de ese microclima.
Por eso me confundía tanto, porque para mí lo político
o la política era pensar en la gente, en proyectos o en cuestiones
que tuvieran que ver con solucionarle algún problema a la gente.
Esta fue una primera gran movilización que en realidad era intelectual.
Volvía a mis estudios de ciencias políticas, cuando estos
tipos me decían: “Te confundís, esto es política”.
Les decía que también estaba hablando de política,
pensando en la política como una acción noble, que busca el
bien común, que es la mejor acción que puede desarrollar un
ser humano, como una vocación de servicio. Y obviamente con una concepción
del poder como un medio de transformación.
Una vez escuché a Elisa Carrió en un programa periodístico
de televisión. Ella habló de la concepción del poder
como medio transformador, que había que cambiar la concepción
del poder, me emocioné y me dije: eso es lo que pienso. Eso es lo
primero que me pasó en relación a la cuestión del poder,
de la política, de la concepción. Después me pasaron
otras cosas, como que me dijeran: “Tenés una confusión
entre la política y la religión —soy católica
practicante y fervientemente creyente—. Vos hacés política,
pero en realidad lo que tenés es una convicción religiosa
y esto es política, no es religión”.
En ese sentido escuché una frase de un señor que hace muchos
años se dedica a la política y que parece ser muy respetado
en algunos lugares, que me dijo:
“Gabriela, éste no es un tema angelical”. Me lo decía
cuando yo hablaba de transparencia, de que debíamos hacer las cosas
pensando en la gente. Toda la concepción de la política ligada
a la vocación de servicio, también se cuestiona como si no
tuviera que ver con la política.
Yo soy de Laprida, un pueblo de la provincia de Buenos Aires y hace poco
recibí un correo electrónico de un amigo que vive allá,
muy politizado y muy intelectual.
El título del correo era: “Vos y Elisa Carrió se confunden”.
Decía: “Ustedes no tienen que dedicarse a la política,
se tienen que dedicar a otra cosa, porque lo que hacen ustedes es otra cosa,
no es política”.
Todo esto me terminó de convencer que el problema es gravísimo,
porque si el común de la gente que está metida en la política
cree que ocuparse del otro, que trabajar para la gente, que pensar que el
poder es un medio y no un fin en sí mismo, que los relatos de lo
político y la política tiene que ver sólo con qué
banca consigo, cómo renuevo mi participación en una lista
y el 80 ó 90% de las discusiones giran en torno de eso, la verdad
es que tenemos un problema gravísimo.
Quizás voy a resultar muy antipática pero tengo que ser muy
sincera. Lo que no tengo claro, es si esa concepción del poder y
de la política necesariamente tiene que ver con la mujer y lo femenino.
Tengo compañeros varones que sufren esta cuestión de la misma
manera que yo y que están absolutamente ocupados en ver cómo
solucionar los problemas de la gente. Hay varios diputados varones de mi
bloque con los que convivo todo el tiempo, que están tan preocupados
como yo por estas mismas cuestiones y que sufren de la misma manera. Quizás
lo pueden manifestar de otra forma y no se largan a llorar. La verdad es
que no sé si este cambio de concepción de poder parta sólo
de lo femenino, tengo muchas dudas de eso.
Más allá de creer que las mujeres tenemos una cosa fundamental
distinta al hombre, que es la capacidad de ponernos en el lugar del otro.
Esta es mi experiencia de vida y creo que esa capacidad es un valor muy
importante para agregarle a la política. Tal vez ahí esté
un poco la clave de cómo transformar la concepción del poder.
Para nosotras meter en el relato, en el discurso, todas las cuestiones que
tienen que ver con la cuestión social, la inclusión de la
marginalidad, nos sale naturalmente. Creo en la capacidad de ponerse en
el lugar del otro y ver cómo uno puede desarmar al otro cuando se
quiere convertir en nuestro enemigo y uno no tiene la más mínima
intención que sea un enemigo. Quizás eso sea una cosa femenina.
También se habló del sentido común. Hace poco me hicieron
un reportaje en el diario La Nación, en el que yo destacaba a personalidades
políticas que eran de distintos partidos y de líneas ideológicas
distintas a las que pertenezco. Se armó un lío bárbaro
adentro del partido e incluso en sectores de la política, no
del propio partido, sino del espacio de la centroderecha. Se decía
que lo mío era malo para la política, porque era un mensaje
confuso. Alguien me dijo: “No se construye poder desde el sentido
común, hay que extremar posiciones para construir poder”.
El hecho de respetar naturalmente —en lo preideológico como
dice Elisa Carrió—a personas que piensan distinto en lo ideológico,
es una necesidad de la sociedad. Porque si no ¿cómo vamos
a hacer si seguimos todo el tiempo peleándonos y no nos ponemos de
acuerdo con algo básico? El tema del sentido común —coincido
con Patricia Bullrich— nos puede servir como elemento en esa construcción
nueva, por el hecho de ponernos en el lugar del otro, de no tender tantoa
la confrontación.
Kristen Sample, IDEA International, Perú
Escuché con muchísimo interés y con mucha admiración
los testimonios de las luchas que las dirigentes presentes dan en sus países.
Es una discusión sumamente rica, pero hay tres puntos que para mí
tienen particular resonancia.
El primero es: el poder para qué, que muchas lo han mencionado. El
poder no como un fi n, sino como un medio para efectuar una transformación
cultural y cambiar este paradigma cultural del que hemos hablado. Es como
una autocrítica y es muy interesante para nosotras pensar así
porque nos hemos enfocado en el tema de cómo las mujeres pueden llegar
al poder, a través de los cupos, de los
cambios de estructuras partidarias, una serie de mecanismos. Pero para mí
también es muy importante que nosotras empecemos a ver cuál
es el impacto que queremos lograr con estos cambios, qué diferencia
habría si hay más mujeres en la política con este compromiso
de transformación cultural.
Un segundo punto que me parece interesante es la diferencia entre el poder
formal y el poder informal. Nosotras estamos viendo el tema del poder formal,
cuáles son los mecanismos, cuáles son las normativas, cómo
llegar. Creo que es lo que decía Patricia Bullrich sobre la diferencia
entre posición y poder. La idea no es solamente el cambio de posición,
sino también buscar y analizar estos mecanismos
de poder informal. Va a ser muy importante empezar a analizar los
mecanismos y las dinámicas de ese poder informal.
Por último, un tema que ha sido comentado por varias personas es
que la política desde lo femenino es un proceso de construcción
colectiva. Nosotras lo estamos viendo. Cuando llega una mujer como llanero
solitario, respondiendo al concepto de liderazgo como una persona que llega
y que va a cambiar las cosas por la fuerza.
Esa no es la idea, sino buscar alianzas en este proceso de construcción
colectiva, buscar experiencias de solidaridad interpartidarias, donde las
mujeres mismas se pueden ir fortaleciendo a través de procesos mucho
más continuos.
Esto tiene mucho que ver con lo que nosotras estamos viendo que es la masa
crítica. La Argentina es un caso especial donde hay un 30 ó
35% de mujeres en el Congreso, que constituyen una masa crítica.
Pero en otros países están lejos de conseguir esto. Brasil
creo que tiene un 6% de mujeres en su Parlamento y hay otros países
que están entre el 10 o el 12%. Esto tiene que ver con que hay que
construir esas alianzas y seguir hablando con las mujeres, para no perder
este
proceso colectivo.
Por mi trabajo tengo que tratar con muchos políticos, aunque no
soy política.
Esos políticos muchas veces son hombres y yo soy la única
mujer de un grupo.
Por estar aquí, ya me siento renovada, animada, porque me doy cuenta
que las sensaciones por las que paso son las mismas por las que pasan ustedes.
Esto es muy valioso para niveles más de base y mujeres que recién
están entrando a la política.
Patricia Bullrich, Argentina
Un poco siguiendo esta línea, quiero plantear dos o tres cosas.
En primer lugar,está claro que la política cuesta y también
cuesta la buena política. A esto hay que asumirlo. Está claro
también otro concepto, que se repitió en varias oportunidades
y recién también lo dijo Elisa Carrió, que es que la
práctica política te estructura y es estructurante de una
identidad política. La gran pelea es la lucha
contra esa estructuración, con convertirse en una plastilina que
va tomando la forma de la casa, la cosa nostra. La casa le dicen a la Legislatura,
hasta la palabra tiene un sentido mafioso.
Me parece que en esta cuestión de las prácticas como estructurantes,
el tema es cómo construir la superioridad relacional de esas prácticas.
Hoy, la superioridad relacional de las prácticas es que la campaña
necesita dinero; quien no utiliza el dinero del Estado no accede al poder;
que el poder está relacionado con esto; que el poder es el manejo
de los planes sociales, el fi nanciamiento de los empresarios; El manejo
del Estado en un determinado sentido.
Siendo ministra presenté la universalización de las asignaciones
familiares, —duré un día, al otro día me fui—
vino un senador radical y me dijo: “Ahora que nosotros podemos manejar
esto, a vos se te ocurre plantear este cambio”. La idea no era discutir
que lo que se cambiaba era un bien social que volvía a la sociedad,
sino que lo importante era el manejo de esa estructura. Eso terminaba estructurando
esa práctica.
Esta es una cuestión sistémica. A este sistema político
hay que ponerle enfrente otro sistema político que tenga condiciones
diferenciales.
En la campaña en la Capital Federal, cuando planteamos determinados
acuerdos de reglas de juego para la campaña no hubo aceptación,
porque jugar con otras reglas implica perder determinadas condiciones que
te da este sistema. En la Argentina, el sistema político es un sistema
cerrado de poder, tiene su propia reelección, tiene
su derecha, su izquierda, su oposición, su mecanismo de fi nanciamiento,
su mecanismo de reproducción; tiene todo adentro, es un sistema cerrado
en sí mismo.
No digo que a este sistema cerrado haya que enfrentarle otro sistema cerrado,
pero hay que enfrentarle un sistema político. Si no se le enfrenta
un sistema político, el juego es muy desleal, porque una le juega
desde un lugar a un sistema que se corre tantas veces como es necesario
para mantener el poder. El sistema se corre como van los tiempos del mundo:
neoliberal, de izquierda, no importa,
porque la lógica del poder es siempre la misma.
A esa lógica del poder hay que ponerle enfrente otra lógica
del poder integral, que tiene que contener todos los mecanismos y estructurar
normas. El problema de las normas es la distancia entre la práctica
social de un pueblo y sus normas.
Cuanto menos distancia hay en ese sentido, mejor estructurada va a estar
la sociedad.
Nuestra normas son el uso social, la práctica del poder de esas normas,
no la norma en sí. La norma en sí es un adorno, casi una extravagancia.
Nosotros construimos normas y no construimos la práctica social que
acerque la realidad a esas normas.
El sistema político integral que hay que enfrentarle a este sistema
político, tiene que ser capaz de construir normas que sean la garantía
también para ese sistema.
Tiene que ser un sistema normativo, porque si bien la práctica determina
las conciencias, tiene el riesgo de tomar las formas del poder. Es el problema
que vos decías de la Revolución Francesa, en donde aquellos
que accedían, veían el ejemplo de lo que alguna vez habían
querido ser. Igualmente la práctica social fue superior y se avanzó
muchísimo en la historia.
Me parece que el gran desafío es construir un sistema político
integral que se oponga de manera integral, en todas las prácticas,
inclusive en las prácticas del dinero, a este sistema político.
Ese sistema político integral tiene que ser capaz de escribir ese
acuerdo y de respetarlo, de llevarlo adelante, no de usarlo como un
instrumento más de poder, como cuando se entregan las declaraciones
juradas de bienes, o cuando Poder Ciudadano dice que vamos a hacer buen
uso del dinero y después cada uno hace lo que se le da la gana. Tenemos
que construir fundamentalmente una práctica. En ese sentido está
bien lo que dice María Eugenia Estenssoro, pero el cambio tiene que
demostrarse en esa práctica. Hay que construir un sistema en paralelo
y ese sistema tiene que ser la construcción de una
identidad y de una práctica estructurante de un modelo político
diferente. No me parece fácil pero creo que es general, no es un
partido sino que es el sistema.
Patricia Bullrich, Argentina
Sobre el tema de la construcción de la agenda, me parece que en
esa construcción hay un principio de subordinación de la política
a la aceptación de esa agenda.
Me parece que éste es un tema a debatir. La aceptación de
la agenda, de acuerdo al tipo de dimensión comunicacional que toma
determinado tema, es una constructora de políticas públicas.
Podemos tomar un ejemplo de la Ciudad de Buenos Aires. Un determinado tema
aparece en la televisión, por ejemplo, a la escuela Nº 10 del
barrio de Flores se le está cayendo el techo. Supongamos que antes
de los problemas de esta escuela, hay otras 10 que tienen una prioridad
previa a esa escuela. Cuando un tema toma una determinada dimensión
comunicacional ¿qué hacemos? ¿corremos detrás
de eso, solucionamos eso, dejamos las prioridades, o somos capaces de construir
una autoridad y plantearle a la sociedad, que es la que toma este tema,
que hay una prioridad y que debe respetarse y que
coloca a esta escuela en una lista, que no está primera, por más
que haya tomado una dimensión comunicacional importante?
Me parece que éste es un tema importante desde la gestión
política y pública.
Hay que ver si la política como construcción, es capaz de
generar discusión en torno a la cuestión de la agenda, porque
si no la agenda va a construir políticas públicas, resolver
prioridades, manejar el presupuesto, manejar qué cosas se hacen y
qué cosas no. Cuando un tema se convierte en un hecho de impacto
comunicacional, ese hecho aparece en un primer lugar. Hay que ver cómo
plantear la discusión de esa agenda.
Hay un ejemplo de Mitterand que me parece importante. En un momento en el
sur de Francia asesinaron a dos chiquitas, primero las violaron y después
las asesinaron. Entonces se generó por medio de todos los canales
de televisión una presión muy fuerte sobre el tema de la pena
de muerte. Empezaron las encuestas en los diarios, en la televisión,
la gente opinaba en la calle y Mitterand estaba callado, durante dos días
no habló. A los dos días aparece Mitterand en la televisión
y dice: “Mientras yo sea Presidente de Francia, en Francia no va a
haber pena de muerte, porque además soy hijo de la Revolución
Francesa que terminó con la guillotina”. Hizo todo un discurso
sobre las bases morales y los valores de la República. Al otro día,
las encuestas empezaron a cambiar. La gente empezó a pensar que ese
gesto de autoridad, que esa construcción de autoridad, implicaba
un cambio en lo que hasta ese momento había sido una carrera que
parecía imparable.
Hasta ese momento estaba claro que el Estado no podía impedir que
se
estableciera la pena de muerte por lo que había pasado.
Yo planteaba dos temas: uno es la agenda y dos, la autoridad. El tercer
tema que quería plantear es la cuestión del discurso político
en los tiempos de la televisión.
Elisa Carrió planteaba que hay una sociedad de la lectura. Me parece
que el discurso político en tiempos de la televisión es un
discurso que hay que reconstruir total y absolutamente, porque el discurso
político anterior a la televisión, puesto en la televisión
es un discurso mediocrizado, absolutamente banalizado.
Hay que hacer una reconstrucción muy fuerte del discurso. Esto se
ve muy bien hoy en el Parlamento. Se dice que los discursos parlamentarios
son mucho menos importantes de lo que eran en otro momento. No sé
si son menos importantes, esta idea de que todo tiempo pasado fue mejor,
no sé si es tan así.
Más allá que en la Argentina hemos tenido una mediocrización
de toda la sociedad, me parece que en este sentido la tecnología
ha dejado de ser un soporte. La tecnología construye el tipo de comunicación
que vos generás en ese medio. No es sólo un soporte, como
dice Mc Luhan el medio es el mensaje. Si el medio es el mensaje, el discurso
político, social, en televisión, tiene que construirse para
ese
medio, porque si no es un discurso que queda fuera de lugar.
El último tema que quería plantear es el de Brasil. Creo que
lo tienen que reflexionar bien. Me parece que el tema de pensar el control
del control, la autoridad sobre la autoridad, el Estado como autoridad en
los medios de comunicación, es un tema complejo, porque los medios
de comunicación no son sólo sus dueños.
Si fuera así, desaparecerían en dos minutos. Los medios de
comunicación son mucho más complejos que sólo sus dueños.
Algunos que son sólo sus dueños, durarán poco. Los
dueños de los medios de comunicación están relacionados
con la política feudal. Porque ¿quiénes han sido durante
años, y siguen siendo, los dueños de los medios de comunicación,
en la Argentina? Romero, los correntinos. Se ha tratado de establecer, a
partir de ahí un control social. y no necesariamente siempre han
ganado las elecciones como consecuencia de esto.
Es lo que pasó ahora en los Estados Unidos. Kerry estaba sostenido
por los medios de comunicación más prestigiosos y sin embargo
no fue todo. Es peligroso pensar el control del control, porque ahí
tendríamos que ver quién decide la verdad.
Siempre a la realidad la vas a recortar. Entonces ¿va a decidir el
Estado el recorte de la realidad?, ¿Quién va a decidir cuál
es el recorte correcto, la verdad absoluta?, ¿El Estado, el gobierno?
Creo que es entrar en un tema difícil.
Distinto es si uno dice que vamos a trabajar socialmente qué tipo
de imagen vamos a poner en la televisión infantil, o abordamos el
tema de la violencia en la televisión infantil. Se ha discutido en
muchos lados el cómo trabajar determinados temas. Se está
discutiendo en España, se discutió mucho tiempo en los Estados
Unidos. Hay mecanismos de participación social, pero es distinto
el Estado como regulador.
Para resumir: construcción de agenda y de contraagenda, la cuestión
de la autoridad, la cuestión de los recortes como algo que es absolutamente
inevitable y el tema de los discursos en los tiempos que los medios generan.
Es imposible, y en eso coincido con Carrió, cambiar la realidad de
la sociedad de información.
(7) Ley 24.012 sancionada en 1991 por el Congreso Nacional argentino que dispone que en las listas presentadas por los partidos políticos debe haber un mínimo del 30% de mujeres entre mí los candidatos a los cargos a elegir y en proporciones con posibilidad de resultar electas.

